La escuela que queremos debe ser, en la medida de lo posible; en primer lugar, una escuela inclusiva.
Apostar por una escuela inclusiva es fácil, lo realmente difícil es realizar inclusión. Debemos diferenciar integración de inclusión. Tal y como ayer nos aclararon los profesores Manuel Fernández y Noelia Alcaraz de la Universidad de Cádiz, la integración está muy presente en la mayoría de las aulas actualmente. Es un avance, se está logrando eliminar el pensamiento segregador, pero integrar no es incluir. En la integración los niños y niñas tienen que adaptarse al contexto. El niño está en el aula presente físicamente, pero están excluidos en realidad. Los niños y niñas con necesidades específicas que deben recibir clases de apoyo, por ejemplo, las reciben fuera del aula. Por tanto, este tipo de niños están más tiempo fuera del aula que en ella. No estarían participando de igual manera que todos los demás en clase.
Apostar por una escuela inclusiva es fácil, lo realmente difícil es realizar inclusión. Debemos diferenciar integración de inclusión. Tal y como ayer nos aclararon los profesores Manuel Fernández y Noelia Alcaraz de la Universidad de Cádiz, la integración está muy presente en la mayoría de las aulas actualmente. Es un avance, se está logrando eliminar el pensamiento segregador, pero integrar no es incluir. En la integración los niños y niñas tienen que adaptarse al contexto. El niño está en el aula presente físicamente, pero están excluidos en realidad. Los niños y niñas con necesidades específicas que deben recibir clases de apoyo, por ejemplo, las reciben fuera del aula. Por tanto, este tipo de niños están más tiempo fuera del aula que en ella. No estarían participando de igual manera que todos los demás en clase.
Una Educación Inclusiva reconoce el derecho de los niños y niñas a recibir una educación de calidad, que considere y respete TODAS las capacidades y necesidades educativas, costumbres, etnias, idiomas, discapacidades, edades, etc., sin ningún tipo de distinción.
Todos tenemos los mismos derechos sin discriminación. Con la inclusión, conseguiríamos una educación adaptada a las necesidades individuales de cada uno, y no solo a los que tienen necesidades específicas por discapacidad.
La educación inclusiva apuesta por la igualdad de oportunidades, y pretende eliminar barreras que puedan limitar el aprendizaje y la participación de todos los niños y niñas.
Para poder llevar a cabo la inclusión se deben superar muchos estereotipos relacionados con las personas con necesidades específicas. Todos hemos escuchado alguna vez comentarios como “no pueden aprender” o “son agresivas”, que defienden que estas personas deben tener un aula apartada de los demás y en cierto modo “adaptada” a su ritmo de aprendizaje calificado como lento, bajo o nulo.
Este tipo de comentarios y la forma de actuar que conlleva este pensamiento, dan lugar a una escuela segregadora, totalmente contraria a la inclusiva, que pretende y que, de hecho, separa a los niños y niñas en pequeños grupos (a veces, no de una manera directa) fomentando la desigualdad.
Uno de nuestros referentes a la hora de hablar de inclusión y atención a la diversidad es Tonucci, quien dice que el mejor modelo para la educación es una escuela abierta, plural, donde se potencien las capacidades de cada alumno.
“Una escuela de superdotados es pobre, porque falta la diversidad”
Habla de una escuela que debe ser abierta a la diversidad. De hecho, las diferencias enriquecen las clases. El ser humano por naturaleza nos relacionamos de diferentes maneras, y eso no resta, sino que suma.
Por ejemplo, en cuanto a la segregación por edades en la escuela; niños de edades diferentes tienen “niveles” diferentes y eso permite que se sitúen en una zona de desarrollo próximo unos de otros. El hecho de que un niño sea de diferente edad no significa que no tenga nada que enseñarle al otro. Nosotros mismos, como docentes, debemos estar abiertos también a aprender de los niños.
En estos momentos, la vida va por un lado y la escuela, por otro. Y es un error por nuestra parte y por parte de la sociedad en la que vivimos, pues la escuela forma parte de la vida y debería estar preparada para enseñar a vivir. La escuela debe ser un lugar donde se aprenda a vivir y donde deben reflejarse las diferencias y las ventajas que hay en las diferencias, tal y como sucede en la vida.
Llevar a cabo una buena Educación Inclusiva depende del profesor, ya que no es el niño o la niña el que tiene que adaptarse al contexto, sino el profesor o la profesora el que debe adaptar el contexto al niño. Hay que repensar la metodología, cómo planificar y diseñar las actividades para que todos los niños que hay en clase puedan participar y aprovecharse de esa actividad. Esto también depende no solo de la tarea o actividad, sino de la capacidad o capacidades de los alumnos ante estas tareas. A algunos se les darán mejor las matemáticas, mientras que el punto fuerte de otros sea el dibujo. Es por eso que somos los docentes los que tenemos que captar las diferencias y valorar las formas de inteligencia de todos los niños y niñas. Ayudar a fomentar y desarrollar esas diferencias, que se traducirán en futuras personas adultas, individuales y sobretodo, diferentes unas de otras.
“En cuanto el contexto se modifica, las discapacidades desaparecen” (Noelia Alcaraz, 2016)
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| Aquí dejamos una imagen que nos ayudó y nos aclaró los diferentes conceptos a los que nos referimos |

Buen trabajo el de ese grupo, sí señor. De todas formas, dejadme que os lo complique un poco más. Tonucci sabe lo que dice, claro que sí, pero simplifica las cosas. Una clase de superdotados no es homogénea, porque cada uno y cada una es diferente de los demás. Ahí hay diversidad. De la misma manera que en vuestra clase hay diversidad por mucho que hayáis sido seleccionados por vuestro expediente o por lo que sea. No hay clase que no sea diversa, aunque en ella no haya personas con necesidades educativas especiales.
ResponderEliminarDadle vueltas a eso.