“La ley hay que conocerla y hay que manejarla
(...) para saber cuáles son los resquicios (...) y también tiene muchas cosas
que nos respaldan. (...) Un maestro o una maestra en su aula siempre tiene
margen de actuación” nos contaba Noelia Alcaraz, de
la Universidad de Cádiz, en la entrevista que realizamos en clase.
Pensamos que es importante como maestros
estar al tanto de la ley educativa vigente, saber, como bien dice Noelia, cómo
manejarla para, a pesar de las “malas leyes” o “malas reformas” podamos emplear
métodos no tradicionales y cambiar la escuela actual.
Podríamos soñar con una ley
en la que el profesorado tenga voz y voto en el diseño y evolución del sistema,
como nos cuenta nuestro profesor Miguel Sola en su entrada “Una cuestión de
confianza”, pero para pensar en la escuela que queremos para hoy debemos pensar
en las leyes que tenemos hoy y todo lo que podemos hacer a pesar de éstas.
Por ejemplo debemos plantearnos si los
métodos e instrumentos de evaluación que se utilizan son los adecuados. Más de
un maestro, pedagogo o pensador de los que hemos estado escuchando teorías
estas últimas semanas (Tonucci, Noelia y Manuel, o algunos profesores como
Miguel Sola o Ignacio Rivas) nos habla de la segregación que los exámenes y
deberes crean en la escuela, así como del no aprendizaje que hay a través de éstos.
Miguel Sola hace referencia en su blog a la
teoría constructivista de Joseph Schwab, que ve el aprendizaje como una
modificación de estructuras cognitivas. Esto tiene también que ver con el
aprendizaje significativo de Piaget. Es decir, a través de un examen no se
puede medir el aprendizaje del alumno, no está claro cuáles son los
conocimientos que éste ha adquirido.
Además, como bien dice Ana Díaz en su blog
“Desde mi mapa”, en un examen no vemos reflejadas todas las cualidades del
alumno; no vemos lo bien que baila, canta, escribe poesía; no vemos nada sobre
su personalidad; no vemos “aquello que les hace especiales y únicos”. Nos
quedamos con la frase final: “Así que
disfrutad de vuestros resultados y estad muy orgullosos de ellos pero recordad que
hay muchas formas de ser inteligente.”
Tal es la ineficiencia de los exámenes que puede llevar, en muchos casos al abandono escolar. Y éste, como nos cuenta María Acaso, no es responsabilidad del alumnado, si no de los maestros. Tal y como el pedagogo francés Phlipe Merieu afirma, “no podemos contentarnos con da de beber a quien tiene sed, sino que hay que dar sed a quienes no quieren beber”, por tanto, es responsabilidad del maestro motivar a todos y cada uno de sus alumnos, y utilizar métodos adecuados para que se produzca aprendizaje en cada uno de ellos.
Hoy en día, cómo afirma
Miguel en su blog, hay profesores que llevan a cabo métodos diferentes al de
los exámenes y deberes. Hay profesores que por fin se están concienciando de lo
que realmente hace feliz a sus alumnos y lo llevan a la práctica por mucho que
cueste. Está apareciendo un cambio en el que se piensa en los proyectos
educativos, en trabajos participativos, en la unión de la familia y la escuela,
en la innovación.
En esta entrevista que unos
universitarios hicieron a Francesco Tonucci aparecen varios elementos que
nuestro grupo ha considerado una alternativa al método tradicional. Tonucci
aclara algo en esta entrevista que nos hizo pensar: si solo les proporcionamos
a nuestros alumnos los contenidos de las asignaturas para soltarlos en un
examen, ¿para que pueden utilizar esos contenidos? El objetivo de la educación
debería ser el de dar unas herramientas que los niños luego puedan aplicar a
contenidos inimaginables para nosotros.
En primer lugar, en
contraposición a los exámenes propone una escuela compuesta de talleres (de
lectura, de física, de arte…) y los niños tienen la libertad pasar de un taller
a otro. Así se trabajaría por proyectos durante las horas de clase y tendría
que pasar semanas estudiando para un examen.
Además, teniendo un espacio
para cada taller, los niños pueden sentirse más cómodos en cuanto a que tienen
un espacio habilitado para cada asignatura, con sus diferentes materiales y
esto probablemente los motive más.
Y por otro lado, hablando de
los deberes, Tonucci tiene razón cuando dice que no podemos privar a los niños
de vivir sus propias experiencias fuera de la escuela. Los deberes se pueden
considerar una invasión de la escuela en el tiempo de los niños, un tiempo que
no es suyo, que hay que respetar.
Como sustitución de los
deberes en nuestro grupo proponemos alternativas que son posibles para la
escuela de hoy. Por ejemplo, Tonucci
propone una escuela en la que se vivan momentos más intensos y no tan largos
como en, es decir, hacer
actividades fuera de la escuela que no tienen porque salirse de presupuesto y
que se puedan aplicar a lo que el maestro quiere enseñar. Otro
ejemplo, el texto libre del que habla el pedagogo Freinet: los niños escriben
frases sobre experiencias ajenas a la escuela para corregirlas gramaticalmente
al siguiente día en grupo. De esta manera son capaces de compartir sus
vivencias, “las emociones de la vida real también pueden entrar en la escuela”.
Si los futuros maestros no cambiamos nuestros métodos, seguiremos matando su curiosidad, sus ganas de aprender e investigar sobre algo nuevo relacionado con lo que aprendemos en clase. Y es que la dura realidad es que los alumnos solo dan importancia a los contenidos que caen para examen porque son los contenidos con los que pueden optar por la calificación máxima. Debemos cambiar de manera radical la evaluación de suma de resultados en exámenes y valorar muchísimo más los progresos que han logrado nuestros alumnos.
Dejamos los enlaces
utilizados para escribir esta entrada:
https://www.youtube.com/watch?v=i9_LvXn782g&feature=youtu.be
http://www.blogcanaleducacion.es/una-cuestion-de-confianza/
http://www.blogcanaleducacion.es/ignorancias-u-olvidos-que-consienten-la-reforma/
https://desdemimapa.com/2015/02/12/las-notas-las-dichosas-notas/
Es una gloria este trabajo. Me encanta, me maravilla, me gusta, me gusta, me gusta...
ResponderEliminarHay una "a" que debe llevar hache porque es un auxiliar del verbo haber. Ya sé que es un error tipográfico, pero duele a la vista. Corregidlo, me lo decís y lo comparto inmediatamente en todas las redes.