domingo, 6 de marzo de 2016

Menos exámenes y más aprender

“La ley hay que conocerla y hay que manejarla (...) para saber cuáles son los resquicios (...) y también tiene muchas cosas que nos respaldan. (...) Un maestro o una maestra en su aula siempre tiene margen de actuación” nos contaba Noelia Alcaraz, de la Universidad de Cádiz, en la entrevista que realizamos en clase.

Pensamos que es importante como maestros estar al tanto de la ley educativa vigente, saber, como bien dice Noelia, cómo manejarla para, a pesar de las “malas leyes” o “malas reformas” podamos emplear métodos no tradicionales y cambiar la escuela actual.
  
 Podríamos soñar con una ley en la que el profesorado tenga voz y voto en el diseño y evolución del sistema, como nos cuenta nuestro profesor Miguel Sola en su entrada “Una cuestión de confianza”, pero para pensar en la escuela que queremos para hoy debemos pensar en las leyes que tenemos hoy y todo lo que podemos hacer a pesar de éstas.

Por ejemplo debemos plantearnos si los métodos e instrumentos de evaluación que se utilizan son los adecuados. Más de un maestro, pedagogo o pensador de los que hemos estado escuchando teorías estas últimas semanas (Tonucci, Noelia y Manuel, o algunos profesores como Miguel Sola o Ignacio Rivas) nos habla de la segregación que los exámenes y deberes crean en la escuela, así como del no aprendizaje que hay a través de éstos.

Miguel Sola hace referencia en su blog a la teoría constructivista de Joseph Schwab, que ve el aprendizaje como una modificación de estructuras cognitivas. Esto tiene también que ver con el aprendizaje significativo de Piaget. Es decir, a través de un examen no se puede medir el aprendizaje del alumno, no está claro cuáles son los conocimientos que éste ha adquirido.

Además, como bien dice Ana Díaz en su blog “Desde mi mapa”, en un examen no vemos reflejadas todas las cualidades del alumno; no vemos lo bien que baila, canta, escribe poesía; no vemos nada sobre su personalidad; no vemos “aquello que les hace especiales y únicos”.  Nos quedamos con la frase final: “Así que disfrutad de vuestros resultados y estad muy orgullosos de ellos pero recordad que hay muchas formas de ser inteligente.”

            Tal es la ineficiencia de los exámenes que puede llevar, en muchos casos al abandono escolar. Y éste, como nos cuenta María Acaso, no es responsabilidad del alumnado, si no de los maestros. Tal y como el pedagogo francés Phlipe Merieu afirma, “no podemos contentarnos con da de beber a quien tiene sed, sino que hay que dar sed a quienes no quieren beber”, por tanto, es responsabilidad del maestro motivar a todos y cada uno de sus alumnos, y utilizar métodos adecuados para que se produzca aprendizaje en cada uno de ellos.

Hoy en día, cómo afirma Miguel en su blog, hay profesores que llevan a cabo métodos diferentes al de los exámenes y deberes. Hay profesores que por fin se están concienciando de lo que realmente hace feliz a sus alumnos y lo llevan a la práctica por mucho que cueste. Está apareciendo un cambio en el que se piensa en los proyectos educativos, en trabajos participativos, en la unión de la familia y la escuela, en la innovación.

En esta entrevista que unos universitarios hicieron a Francesco Tonucci aparecen varios elementos que nuestro grupo ha considerado una alternativa al método tradicional. Tonucci aclara algo en esta entrevista que nos hizo pensar: si solo les proporcionamos a nuestros alumnos los contenidos de las asignaturas para soltarlos en un examen, ¿para que pueden utilizar esos contenidos? El objetivo de la educación debería ser el de dar unas herramientas que los niños luego puedan aplicar a contenidos inimaginables para nosotros.

En primer lugar, en contraposición a los exámenes propone una escuela compuesta de talleres (de lectura, de física, de arte…) y los niños tienen la libertad pasar de un taller a otro. Así se trabajaría por proyectos durante las horas de clase y tendría que pasar semanas estudiando para un examen.

Además, teniendo un espacio para cada taller, los niños pueden sentirse más cómodos en cuanto a que tienen un espacio habilitado para cada asignatura, con sus diferentes materiales y esto probablemente los motive más.

Y por otro lado, hablando de los deberes, Tonucci tiene razón cuando dice que no podemos privar a los niños de vivir sus propias experiencias fuera de la escuela. Los deberes se pueden considerar una invasión de la escuela en el tiempo de los niños, un tiempo que no es suyo, que hay que respetar. 

Como sustitución de los deberes en nuestro grupo proponemos alternativas que son posibles para la escuela de hoy. Por ejemplo, Tonucci propone una escuela en la que se vivan momentos más intensos y no tan largos como en, es decir, hacer actividades fuera de la escuela que no tienen porque salirse de presupuesto y que se puedan aplicar a lo que el maestro quiere enseñar. Otro ejemplo, el texto libre del que habla el pedagogo Freinet: los niños escriben frases sobre experiencias ajenas a la escuela para corregirlas gramaticalmente al siguiente día en grupo. De esta manera son capaces de compartir sus vivencias, “las emociones de la vida real también pueden entrar en la escuela”.

            Si los futuros maestros no cambiamos nuestros métodos, seguiremos matando su curiosidad, sus ganas de aprender e investigar sobre algo nuevo relacionado con lo que aprendemos en clase. Y es que la dura realidad es que los alumnos solo dan importancia a los contenidos que caen para examen porque son los contenidos con los que pueden optar por la calificación máxima. Debemos cambiar de manera radical la evaluación de suma de resultados en exámenes y valorar muchísimo más los progresos que han logrado nuestros alumnos.

Dejamos los enlaces utilizados para escribir esta entrada:

https://www.youtube.com/watch?v=i9_LvXn782g&feature=youtu.be
http://www.blogcanaleducacion.es/una-cuestion-de-confianza/
http://www.blogcanaleducacion.es/ignorancias-u-olvidos-que-consienten-la-reforma/
https://desdemimapa.com/2015/02/12/las-notas-las-dichosas-notas/


1 comentario:

  1. Es una gloria este trabajo. Me encanta, me maravilla, me gusta, me gusta, me gusta...
    Hay una "a" que debe llevar hache porque es un auxiliar del verbo haber. Ya sé que es un error tipográfico, pero duele a la vista. Corregidlo, me lo decís y lo comparto inmediatamente en todas las redes.

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